Couvin, un día en Bélgica...

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Couvin, un día en Bélgica...

Mensaje  Mercks el Miér 04 Jul 2012, 16:56

Couvin, un día en Bélgica.

Después de unos días de permiso en París, el alto mando ha reclamado nuestra presencia en el frente.

He pagado la cuenta del hotel y he desayunado abundantemente, no sé si habrá otra comida en todo el día. Las órdenes son claras, recoger los pases militares para el tren que sale de París con destino a La Capelle. Allí deberemos localizar nuestra unidad y esperar nuevas órdenes. Por lo que sé, La Capelle es una ciudad al Noreste de París lindando con la frontera con Bélgica, duramente castigada por las tropas alemanas, mucho me temo que nuestro próximo destino sea ése.

En la estación, los sargentos y cabos nos han ido distribuyendo por los vagones, y aunque veo gente de mi unidad, no los reconozco, probablemente sean nuevos reemplazos. No seré mucho mayor que ellos, pero ésta guerra te avejenta a pasos agigantados, y los veo como niños asustados.

Tras una sacudida el tren se pone poco a poco en movimiento, y salimos de la ciudad de la luz con un día soleado, perfecto para pescar. Es gracioso que piense en pescar tan lejos de mi casa. El tren traquetea alegremente, mientras devora kilómetros y kilómetros de traviesas y vías de acero.

El vagón apesta a tabaco, y apesar de estar abarrotado no se oye nada más que la furiosa máquina de vapor. La tensión se convierte en aire denso y estancado, casi como un fluido que hace trabajosa la respiración. Está lleno de soldados que, como yo, vuelven al frente. Algunos matan el rato jugando a los naipes silenciosamente, otros escriben, probablemente, cartas a chicas simpáticas y de cuerpos hermosos, hay quien mira el paisaje con un fingido aire distraído. Pero todos, absolutamente todos, pueden sentir la tensión, quizá miedo, que atenaza sus pechos como una gran losa pesada.

La Capelle es una ciudad de provincias, pequeña, donde antes de la guerra se comía una excelente carne de ternera. Tras unas horas de viaje hemos llegado a ella. Un montón de camiones militares nos esperan al pie de la estación. Recojo mi petate y busco con la mirada algo que me indique donde dirigirme, vea a un sargento que sostiene un cartón en el que se puede leer "14ª Sección 2ª".

Subo de un brinco a la parte trasera del beddy y me alegra encontrar a alguien conocido. Frank, un sargento al que la tropa le tiene especial aprecio, le han herido dos veces. La primera en Namur, una bala le atravesó el culo de lado a lado. Él dice que es la efectividad alemana, el que un disparo tuviera cuatro agujeros. La segunda vez fue en Dinant, una bala rebotada se le llevó un dedo del pie, desde entonces las malditas botas del ejército ya no le hacen rozaduras. Al menos en el pie izquierdo.

Alza las cejas a modo de saludo mientras echa una ojeada alrededor, ninguno del resto de soldados que nos acompaña nos es conocido. Me interroga con la mirada y le digo por lo bajo que son reemplazos. "Mala cosa", piensa para sus adentros.

Llegamos al campamento que está a unos dos kilómetros al este de La Capelle, y una vez distribuidos en nuestras respectivas secciones, nos ponen al corriente de cuáles son las órdenes del alto mando para el día siguiente. Después de una arenga encendida de nuestro teniente, hablando del valor, y el honor de batirse junto a nuestros compañeros, comprendemos que los alemanes han aplastado Bélgica como un cuchillo caliente corta la mantequilla. Nuestro plan es entrar en Bélgica por el sur y hacernos fuertes, una vez capturada, en la ciudad de Couvin. No es una ciudad grande, el plan es sencillo, según el servicio de inteligencia tan sólo hay una división de granaderos en la ciudad. Con las primeras luces saldremos de La Capelle con destino Couvin. Según nos informan la aviación ha estado machacando las defensas alemanas de la ciudad toda la noche, por la mañana continuarán el bombardeo desde tierra con artilleria de campo, y alrededor de las 7:30 am, la fiel infantería debemos tener controlado el Oeste de la ciudad.

Sobre el papel todo funciona a la perfección, el papel lo aguanta todo. Tan sólo esperamos que los bombardeos aliados hayan a ablandado lo suficiente el Oeste de la ciudad como para que los malditos PAks no nos hagan picadillo.

Como es natural nadie pega ojo ésta noche. He aprovechado para firmar por fin el seguro de guerra, si he de morir al menos que el estado suelte algo de dinero a mi familia. 240 libras, ése es el precio que el estado ha puesto a mi vida si caigo en combate.

Frank asoma en mi barracón y con una sonrisa socarrona me dice que mañana me quiere ver pegado a su agujereado culo todo el día. Le han asignado el mando de una pequeña escuadra donde los únicos veteranos somos un tal Louis, aunque todo el mundo lo llama Lu, y yo, lo demás son todo reclutas de nueva hornada. Los miro uno por uno desde mi jergón, acostados a mi alrededor. Ninguno duerme, salvo Lu, es el único soldado que he visto que puede dormir en medio de una granizada de 88s rabiosos.

En el camino a Couvin nos presentan, Frank nuestro sargento y mando de la escuadra, está Lu, que se entretiene mordisqueando un trozo de chocolate que ha robado de la cocina; Tim Orlok, uno de los nuevos reemplazos que no hace otra cosa que mirar al cielo y decir que empezará a llover antes de que lleguemos a Couvin; Gerard Kamarov, un británico del norte de Londres de padre búlgaro, que comprueba el enfield una y otra vez y un servidor, Mercks Merchant, originario de Brighton. Cuatro ingleses perdidos en medio de Europa.

Hace rato que vimos pasar los bombarderos por encima de nuestras cabezas, ya ha amanecido, y a lo lejos retumban los ecos de los cañones machacando Couvin. El beddy frena y protesta el motor. Saltamos del camión, Lu y yo instintivamente nos ponemos a cubierto, los novatos, después de que el sargento les pateé el trasero en repetidas ocasiones, vienen a reunirse con nosotros.

Tras reunirse el Major Alexander Belt y el Teniente Roderick Erasmo con todos y cada uno de los mandos de las escuadras, las órdenes para nuestra escuadra son claras. Avanzar protegidos por la vegetación hasta un grupo de casas que hay al Oeste de la ciudad, hacernos fuertes allí y abrir una vía de acceso para nuestra infantería. La ciudad sigue defendida por una división alemana de granaderos, va a ser una batalla dura, pero es factible que para la hora del té estemos en disposición de tomarlo en el centro de Couvin, si es que queda algo en pìe en toda la maldita ciudad.

"Bien, ahora quiero que me sigáis bien pegaditos, y con los ojos abiertos de par en par. Si el uniforme que véis es gris y verde, no dudéis en administrarle una dosis de plomo. Mejor disparar vosotros primero, que ellos. ¿Entendido?. Desde ahora en adelante, tan sólo podéis fiaros de quien tenéis al lado, mantenerlo con vida y es probable que os salve la vuestra. No dejamos a nadie atrás. Bien, en marcha y no quiero oir una palabra". El sargento ha dejado las cosas claras.

Corremos de un seto a otro, se oyen disparos y explosiones. El eco inconfundible de las ametralladoras ligeras alemanas sesgan el viento. Alcanzamos las casas del oeste con bastante facilidad. Nos parapetamos en el interior de una casa blanca de dos alturas, Tim Orlok y Kamarov suben al piso de arriba junto con el sargento Frank, que da la señal de que el camino está despejado. Lu despliega la Bren en una de las ventanas de la parte baja, y yo cubro con mi enfield la puerta por si tuvieramos visitas inesperadas.

Poco a poco tomamos las casas de alrededor, y hacemos una posición fuerte desde la que asaltar el resto de la ciudad. Todo parece sencillo cuando estás rodeado de compañeros armados hasta los dientes. Estar a cubierto en la casa ha alegrado nuestros corazones, parece que nos vamos a encargar de defender el edificio mientras nuestros compañeros avanzan hacia el sur, han de tomar unos almacenes custodiados por los alemanes.

Las dos primeras intentonas son infructuosas, y el sargento Frank nos trae malas noticias. "Los almacenes del Sur son de vital importancia, y el Teniente Erasmo nos ha prometido un pase de cinco días para ir a casa, a Inglaterra chicos, si tomamos ese maldito objetivo". Lu y yo nos miramos con resignación, mientras que el búlgaro y Orlok parecen entusiasmados con la idea de entrar en combate. El sargento abre la marcha, vamos corriendo de casa en casa, tras cada esquina hacemos una parada y echamos un vistazo alrededor. Hace poco tiempo que ha crecido la intensidad de los combates y se oyen disparos por todas partes. Los alemanes saben de sobra que ya estamos aquí.

De pronto una ametralladora ligera alemana barre la calle, la granizada de plomo es tan intensa que nos zumban los oidos. Pegamos nuestros cuerpos a la pared tan fuerte que las ranuras de los ladrillos se quedan grabadas en nuestra cara. Por el rabillo del ojo veo como Kamarov sale al centro de la calle apuntando a la ventana desde donde nos escupen fuego sin cesar. Las balas rebotan en el suelo alrededor del búlgaro, que trata de apuntar con su rifle. Lu se echa al suelo, desplega su Bren en un abrir y cerrar de ojos, suelta una ráfaga que silencia el ruido. Se levanta despacio, se echa la bren al hombro y se sacude con la otra mano las perneras de los pantalones, se pega de nuevo a la pared y dice tranquilo. "Búlgaro, me debes una. Pero como vuelvas hacer algo así, el que te pega un tiro soy yo".

Seguimos abriéndonos paso hacia el sur, encontramos pequeños focos de resistencia. Pero nada que la bren, alguna granada y los enfield no puedan remediar. Tim Orlok ha perdido el casco al asomar la cabeza en una esquina, Kamarov ha hecho gala de una puntería estupenda al volarle los sesos a un boche que estaba en lo alto del campanario de la iglesia, mientras el sargento y Lu registran cada casa, haciendo un trabajo metódico y eficaz. Frank patea la puerta y acto seguido la bren escupe fuego en su interior.

Parece que ya hemos llegado a los almacenes, estan al final de la calle, desde donde se divisa una carretera que se pierde a lo lejos, hacia el Sur. Nos ponemos a cubierto tras una esquina mientras Frank otea con sus prismáticos. De repente, oimos un trueno, largo, estruendoso... Pero el trueno no cesa, suena cada vez más cerca y más fuerte...

Tim Orlok sonríe y dice que ya había dicho que iba a llover... ¡Y un cuerno llover!, el trueno que no cesa son las cadenas de una división entera de panzers, su lento avance rechina como dientes siniestros contra el empedrado de la carretera. Se aproxima por el sur, y pronto estarán en la ciudad. "¡Hay que salir de aquí cagando leches, vamos, vamos, vamos... moved el culo!".

El sargento nos levanta a tirones del suelo, y nos empuja de nuevo hacia las tripas de la ciudad. Cuando por fin somos capaces de salir del estupor corremos de un lado a otro, zumban las ametralladoras de los panzers a nuestras espaldas. Tenemos que gritar para oirnos entre nosotros. Las balas silban furiosas a nuestro alrededor, rebotan, saltan el yeso de las paredes, rompen madera y cristales. Si esto no es el infierno, se le parece bastante.

Algo explota a mi derecha, una nube de polvo y cascotes me cae encima. Entre las espesas volutas de humo veo a mis compañeros que corren como alma que lleva el diablo. Me levanto encima de una pequeña montaña de piedas y ladrillos hechos trizas, recojo de nuevo el casco, me lo calo hasta las cejas y tiro de la correa de mi fúsil. El único compañero que me queda en Couvin se llama enfield, me alegro de que mis camaradas puedan ponerse a salvo. Veo una compañía de granaderos que avanza por la calle en su dirección, me encaramó a lo alto de lo que queda del edificio que acaba de volar por los aires y empiezo a disparar. Se van acabando los peines de balas, el cañón está casi al rojo, no se cuántos boches habré mandado al infierno... De pronto, un fogonazo, humo y después oscuridad... Tan sólo el sabor a óxido de la sangre...




(Post rescatado del antiguo foro para nuestro uso y disfrute... Very Happy)

Un saludo,
Mercks.
avatar
Mercks
Cabo
Cabo

Mensajes : 1249
Fecha de inscripción : 21/02/2012
Edad : 38

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Couvin, un día en Bélgica...

Mensaje  Erasmo el Jue 05 Jul 2012, 21:42

qué bueno Mercks... la verdad es que merecía recuperarse!!! Además habrá gente que no lo ha leído todavía..

Una delicia.

_________________



Segundo Comandante del 22SAS (sep.2011 - nov.2013 & jun.2015 - hoy)
avatar
Erasmo
Teniente Coronel (XO)
Teniente Coronel (XO)

Mensajes : 1936
Fecha de inscripción : 21/02/2012
Edad : 33
Localización : Madrid

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.